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Surfeando tu propia mente

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Surfeando tu propia mente
© Digital Vision / Getty Images

Cuando sentimos malestar emocional, ya sea ansiedad, tristeza, culpa, miedo o cualquier otra emoción dolorosa, nuestro primer impulso es intentar librarnos de ella lo antes posible. Este deseo de librarte del malestar hace que centres toda tu atención en él pero, ¿no crees que centrar tu atención rígidamente en algo hace que aumente todavía más?

Es fácil comprobarlo. Piensa en algún suceso que te haga enfadar, centra toda tu atención en lo que esa "horrible" persona te hizo, en lo desagradable que es, en lo injusto que es, en tus deseos de venganza… Conforme haces esto, tu ira va en aumento, porque te estás sumergiendo voluntariamente en ella, centrando toda tu atención en ella y alimentándola. Y lo mismo sucede con el resto de emociones negativas en las que las personas nos hundimos con mayor o menor frecuencia.

Cuando esto sucede, las emociones y pensamientos que pasan por tu mente te atrapan, te dominan. Son ellas las que tienen el control de ti, cuando debería ser al revés.

El problema es que nos sentimos identificados con nuestra propia mente y todo su contenido, con nuestras emociones, pensamientos, ideas, recuerdos, como si tú fueras todo eso. Pero esto no es del todo cierto. Tú y los contenidos de tu mente no sois la misma cosa. Lo que hay en tu mente va cambiando de un momento a otro, de un día para otro. Puedes estar triste y después alegre; puedes sentir una ira intensa que se te pasa al cabo de un rato; puedes sentir vergüenza, compasión, empatía; puedes mirar a tu pareja y verte invadido por un profundo amor, pero al día siguiente puedes enfadarte y pensar que no la soportas. Puedes pensar que quieres algo y luego cambiar de opinión y más tarde volver a cambiar de opinión de nuevo. O puedes creer algo y luego darte cuenta de que era una tontería sin fundamento.

Es decir, en tu interior se generan todo tipo de ideas, imágenes, emociones, invenciones, etc., que están en constante cambio. Es como un mar cuyas olas se forman y desaparecen sin cesar. Tú, en cambio, eres lo que permanece siempre, aquello que es igual cuando ríes que cuando lloras, cuando sientes miedo, ira, amor o felicidad, cuando eras un bebé, un adolescente o un adulto.

Empieza a surfear tu mente

¿Por qué, entonces, deberíamos sentirnos identificados con ese mar cambiante? ¿Por qué dejar que te atrapen sus olas? Si dejas que eso suceda, te verás arrastrado por esas olas, vapuleado por ellas; te revolcarán, te ahogarán, te harán sufrir. Tú has de ser como el surfista que navega sobre esas olas controlándolas, no se identifica con ellas, no deja que lo atrapen, sino que las utiliza a su antojo, para pasarlo bien y disfrutar.

Tú puedes hacer lo mismo con los contenidos de tu mente. Puedes elegir no dejar que te atrapen, no creerte todo lo que tu mente te diga, no tomarte en serio todo lo que surja en ella, no revolcarte en las emociones dolorosas tratando de luchar contra ellas. Cuando una ola especialmente violenta surge, el surfista cae de la tabla aceptando que así son las cosas, que a veces aparecen olas desagradables. Pero el surfista no trata de huir de esa ola porque sabe que eso es imposible, simplemente la acepta, sabe que hay olas malas a veces y las acepta, deja que lo tiren de la tabla y luego vuelve a subirse a ella en cuanto puede, centrando su atención en las olas que tiene delante en ese momento, en deslizarse sobre ellas y seguir disfrutando.

Los contenidos desagradables de tu mente son como esas olas. El surfista las observa, no huye de ellas, las siente, deja que le impacten si así debe ser y luego las deja pasar y vuelve a subir a la tabla de nuevo para seguir haciendo aquello que desea hacer. Las olas difíciles no se lo impiden.

Si no aceptas las "olas difíciles" que surgen en tu mente, te atraparán, te llevarán al fondo, tomarán el control y sentirás que te ahogan y que no puedes más. Entonces no puedes hacer lo que deseas hacer porque estás demasiado ocupado tratando de evitar el dolor, las malas olas, ya sea que vengan en forma de ansiedad, culpa, vergüenza, tristeza, etc.

Aprende a ver los contenidos de tu mente como olas que van y vienen, observa esas olas, descríbelas: "Acaba de surgir una ola llamada ira, es muy grande y parece devastadora, creo que lo mejor es no hacer nada y dejar que pierda su intensidad", o bien, "Ha surgido una ola de tristeza en mi interior, tiene un color gris oscuro y es densa y fría". Al hacer esto estás aceptando y reconociendo los contenidos de tu mente, pero al mismo tiempo te estás distanciando de ellos lo suficiente como para no dejar que sus olas te atrapen y te lleven hacia el fondo en una espiral que las va intensificando cada vez más hasta ahogarte.

No puedes evitar el dolor, pues forma parte de la vida, no puedes evitar que surjan contenidos desagradables en tu mente, pero sí puedes evitar que te atrapen y te arrastren al fondo, puedes optar por no identificarte en exceso con ellos, puedes elegir qué olas de tu mente quieres surfear y qué olas vas a dejar pasar, puedes optar por aceptar cualquier cosa que surja en tu mente, sin pretender huir, porque ese es el único modo de que pierda su fuerza y se desvanezca. Y es que los contenidos de tu mente, por muy intensos que puedan llegar a ser, son como las olas, de manera que siempre se acaban desvaneciendo, a no ser que los alimentes al dedicarles una atención excesiva, al pretender luchar contra ellos en vez de dejar que suceda lo que tiene que suceder cuando una gran ola viene directa hacia ti: caerte encima, tirarte al agua y desaparecer.

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