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Cognición social: Cuando lo que “sabes” no es verdad

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Cognición social: Cuando lo que “sabes” no es verdad
© Peter Cade / Getty Images

Durante la Edad Media, en Europa, no solo se pensaba que la desnudez era pecado, sino que también creían que un cuerpo desnudo podía ser atacado por espíritus malignos. Por este motivo solo se bañaban una vez al año, abandonando así la práctica extendida por el Imperio Romano de bañarse todos los días.

Ahora nadie cree en cosas como esas, pero la gente sigue teniendo ideas y opiniones acerca de prácticamente todo y algunas de esas ideas pueden llevar a comportamientos casi tan absurdos como ese, e incluso peligrosos, como contraer el SIDA por no estar dispuesto a usar preservativo. Otras falsas ideas o mitos que podríamos poner como ejemplo es la idea de que la persona que dice que va a suicidarse no lo hace, o que distribuir preservativos en los institutos podría aumentar la promiscuidad sexual, o que las mujeres hablan más que los hombres.

Pero no solo se trata de creer cosas que no son verdad; cada día tenemos que dar sentido al mundo social que nos rodea: tomamos decisiones sobre qué ropa vestir, si salir a comer con un amigo y con qué amigo, qué marca de pasta de dientes comprar, qué película ver en el cine y si creemos que nos gustará, a quién votar, si estás o no de acuerdo con ciertas políticas, si te quieres casar, en quién podemos confiar o, en mi caso, qué artículo escribir hoy.

El modo como tomamos tanto las decisiones triviales como las más importantes depende de cómo utilicemos y demos sentido a nuestro mundo social.

Aunque el ser humano posee un estupendo cerebro capaz de lograr hasta lo que parecía imposible, también es cierto que es un órgano bastante imperfecto. Y esto hace que acabemos "sabiendo" muchas cosas que sencillamente no son verdad.

El científico ingenuo

Según el psicólogo social Harold Kelley, la gente intenta funcionar como "científicos ingenuos". Para explicar por qué alguien hizo algo, las personas buscan tres tipos de información:

1) Consistencia de la acción: ¿se comporta así en otras situaciones y en otras ocasiones?

2) Consenso: ¿se comportan los demás del mismo modo en esa misma situación?

3) Distintividad de la acción: ¿es la única persona que se comporta así?

En otras ocasiones, las personas analizan los pros y los contras a la hora de tomar una decisión y tratan de quedarse con la opción que les aportará los mayores beneficios y los menores inconvenientes.

Sin embargo, para que podamos funcionar como científicos (aunque sea ingenuos), necesitamos que se den al menos dos condiciones: 1) tener acceso a información amplia, adecuada, exacta y útil, y 2) tener recursos suficientes o ilimitados con los que procesar todos los datos de la vida. Estas condiciones casi nunca se dan en nuestras vidas.

E incluso si tuviéramos todos los datos, seguramente no tendríamos ni ganas ni tiempo suficiente como para hacer un procesado tan exhaustivo de cada problema con que nos encontremos cada día, ya que estamos tomando decisiones continuamente, desde lo que preparar para comer hasta decidir si vas a dejar a tu hija salir hasta más tarde este fin de semana, o poder responder a la pregunta de qué harías en una determinada situación hipotética. Si lo pensáramos todo en profundidad, nos quedaríamos bloqueados y al final no haríamos nada.

Pero entonces, ¿qué hacemos?

Lo que solemos hacer las personas es intentar tomar atajos cada vez que podemos, y tratar de usar estrategias que simplifiquen los problemas complejos. Por ejemplo:

  • A veces simplemente queremos creer algo porque nos gusta que sea verdad.
  • También tendemos a utilizar una atención selectiva y una memoria selectiva. Es decir, nos fijamos más en los hechos o datos que confirman nuestras creencias e ignoramos aquellos que las contradicen. Esto hace que algo realmente parezca cierto, aunque no lo sea.
  • A veces no solo ignoramos información, sino que también utilizamos en exceso cierta información para evitar tener que buscar otra nueva.
  • Aceptamos una alternativa que está muy lejos de ser perfecta, pero que simplemente parece lo bastante buena.

La importancia de reconocer nuestras limitaciones

Todas estas estrategias mencionadas y otras similares a menudo resultan útiles porque lo hacen todo más simple y rápido, pero también pueden dar lugar a graves errores y prejuicios que nos hagan daño a nosotros o a los demás.

Por este motivo es importante que reconozcamos que tenemos muchas limitaciones cognitivas. Por ejemplo, reconocer que a menudo juzgamos a los demás en base a estereotipos (es fácil, simple y requiere pensar menos), o que la forma en que se presenta una información puede afectar nuestro juicio (como bien saben los publicistas), o que nuestra perspectiva personal no es necesariamente la mejor ni es la única (por ejemplo, tu religión puede ser tan buena como otra religión diferente), o que puede que no sea cierto aquello de lo que crees estar seguro porque no tienes los datos necesarios o no has procesado la información con la profundidad suficiente.

Conocer y tener en cuenta las limitaciones de la mente humana puede ayudarnos a ser conscientes de la diferencia existente entre una hipótesis y un hecho, a ser menos arrogantes al mantener nuestras "verdades", a ser más tolerantes con las "verdades" de los demás, y a tomar mejores decisiones y pensar mejor.

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