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Dejar de luchar contra el insomnio

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Cuando una persona lleva varios días sin poder dormir, empieza a ponerse nerviosa y a tener un comportamiento con el que solo consigue justo lo contrario de lo que pretende: perpetuar el insomnio.

Por lo general, una o dos noches malas no suele plantear un problema para nadie. Se ve como un hecho aislado y no se le da demasiada importancia, pensando algo como "Ya dormiré mañana y me recuperaré del cansancio del día de hoy".

Sin embargo, cuando los días sin dormir empiezan a acumularse, el insomne se va poniendo cada vez más nervioso. Al llegar la noche, empiezan las preocupaciones y en su mente se agolpan una serie de ideas relacionadas con el hecho de dormir. Se pregunta si logrará conciliar el sueño, ve con temor la hora de acostarse porque imagina una interminable y angustiosa noche sin dormir, aparecen preocupaciones relacionadas con las consecuencias de la falta de sueño: "No podré rendir bien en el trabajo, estaré todo el día sintiéndome mal", etc. La situación empieza a percibirse cada vez como más desesperante y horrible. Ya no se ve como un hecho aislado, sino como algo que parece que no va a terminar nunca. Esta incertidumbre acerca de cuándo podrá volver a conciliar el sueño genera angustia y ansiedad.

Todas estas preocupaciones, estrés y malestar provocados por el mismo hecho de no poder dormir, agravan todavía más el insomnio y contribuyen a perpetuarlo. Lo que podría haber sido tan solo unos cuantos días malos, puede convertirse en un problema grave de insomnio.

No es raro que, en este punto, la persona insomne empiece a tomar alguna medida para intentar dormir. Por ejemplo, puede recurrir al alcohol o a las pastillas, pero esto solo logra agravar aún más el problema. El sueño inducido por las pastillas o el alcohol no es un sueño normal y contribuye a generar más problemas de sueño a largo plazo.

Las personas que no pueden dormir se esfuerzan enormemente en conseguirlo, tratan de relajarse, de concentrarse en dormir, se angustian por lograrlo, se desesperan, intentan de nuevo relajarse con todas sus fuerzas. Pero es precisamente este esforzarse por dormir lo que les impide llegar a conciliar el sueño. Es algo parecido a lo que sucede cuando alguien te dice que hagas todo lo posible por no pensar en un elefante azul ni un solo instante; lo más probable es que suceda todo lo contario y no puedas dejar de pensar en dicho elefante. Del mismo modo, si te esfuerzas en exceso por dormir, lo más probable es que no lo consigas. El sueño es algo que llega de manera natural, sin esfuerzo, cuando simplemente nos dejamos llevar por el estado de cansancio de nuestro cuerpo, nos relajamos espontáneamente y caemos dormidos sin darnos cuenta.

Para poder dormir tienes que dejar de pensar, dejar de preocuparte. Es como entrar en un estado en el que nada importa: no importa si pasas la noche entera sin dormir, no importa si mañana sentirás cansancio porque tampoco importa mañana; no importa si duermes toda la noche del tirón, ni si tardas horas en dormirte, o si tienes sueño o no, no importa el trabajo que tienes que hacer mañana ni si podrás hacerlo o no. Si haces esto y te acuestas pensando que a partir de ese momento y hasta que te levantes por la mañana, no hay prácticamente nada que importe lo más mínimo, tendrás muchas más probabilidades de dormir.

Otra estrategia que suele funcionar bastante bien consiste en proponerte pasar toda la noche despierto y hacer precisamente todo aquello que intentas evitar: si intentas evitar permanecer despierto, proponte pasar despierto toda la noche; si intentas evitar pensar en los problemas de tu trabajo, proponte pasar toda la noche pensando en los problemas que tienes en el trabajo. Tal vez te preguntes ¿y qué voy a conseguir con esto si no es dormir menos aún? Si, como sucede a menudo, el problema no es el insomnio, sino tu excesivo esfuerzo por lograr dormir (y por no preocuparte), entonces esta estrategia servirá precisamente para solucionar ese problema. Es como decir: "De acuerdo, lo acepto, no puedo dormir; bien, pues si lo que me toca es no dormir, pues no voy a dormir en todo un año si hace falta y que sea lo que tenga que ser". Al hacer esto, destruyes por completo a uno de los peores enemigos del sueño: el esfuerzo excesivo por dormir.

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